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Blog · Qué datos y con qué permiso

Consentimiento y datos personales: ¿lo necesito para mandar publicidad?

Equipo Plumii · Revisado contra el texto oficial de la ley el

Caso ficticio

Juanito Pérez lleva el marketing de una tienda de bicicletas en una ciudad del sur de Chile. Tiene una planilla con 3.000 clientes que compraron en los últimos años, con su correo y su celular, y quiere mandarles un boletín con la temporada de primavera. Su jefa le pregunta: «¿Esa gente nos dio permiso para eso?». Juanito no sabe. Los correos se pidieron para mandar la boleta.

La respuesta corta

Depende de para qué se use el dato. La ley no pide consentimiento para todo: pide un permiso —lo que se llama base de licitud— para cada uso. El consentimiento es uno de esos permisos (artículo 12); el artículo 13 enumera cinco más.

En la tienda de Juanito, la compra es el permiso para mandar la boleta, despachar la bicicleta y resolver un reclamo. No hace falta pedir nada aparte. Para el boletín, en cambio, la compra no basta: el correo se pidió para otra cosa. Lo que no deja dudas es preguntarle a cada cliente si quiere recibirlo.

El artículo pilar presenta la idea de base de licitud; aquí va aplicada a la planilla de Juanito.

Los otros permisos: cuándo no hace falta preguntar

El artículo 13 dice que se pueden tratar datos sin consentimiento en estos casos:

a) Obligaciones económicas, financieras, bancarias o comerciales, tratadas según las normas del Título III de la ley, incluidos los datos sobre la situación socioeconómica. Es la base de los registros de deudas. No es la de un boletín.

b) Una obligación legal, o cuando lo disponga la ley. Ninguna ley le pide a la tienda mandar ofertas.

c) Un contrato con la persona, o medidas previas que ella pidió. Cubre la boleta, el despacho y la garantía de la bicicleta.

d) Un interés legítimo de la empresa o de un tercero, siempre que no afecte los derechos y libertades de la persona. La persona puede exigir que le informen qué interés se invoca, y puede oponerse en cualquier momento (artículo 8°, letra a).

e) Defender un derecho ante los tribunales u órganos públicos. Por ejemplo, cobrar judicialmente una deuda.

Ejemplo. Un cliente le escribe a la tienda porque su bicicleta llegó con un rayón. Usar su nombre, su número de pedido y su dirección para resolverlo es parte del contrato de compra: no hace falta pedirle permiso aparte.

Por qué la compra no cubre el boletín

Un permiso se asigna a un uso, no a la persona. El principio de finalidad (artículo 3°, letra b) dice que los datos no se pueden usar para fines distintos a los informados al recolectarlos, salvo que el nuevo fin sea compatible con el original, que lo justifique la relación contractual con la persona y quede dentro de los fines del contrato, que ella vuelva a consentir, o que lo disponga la ley.

Juanito podría intentar apoyarse en el interés legítimo de la tienda. Pero tendría que poder acreditar que no pasa por encima de los derechos de sus clientes, y cada uno puede oponerse en cualquier momento a que sus datos se usen para marketing directo (artículo 8°, letra b). Pedir el consentimiento ahorra esa discusión.

Cómo tiene que ser el consentimiento

El artículo 12 no acepta cualquier «sí». Tiene que ser:

  • Libre. Sin presión.
  • Informado. La persona sabe para qué.
  • Específico en cuanto a su finalidad. «Para fines comerciales» no es específico; «para enviarte nuestro boletín mensual de ofertas» sí.
  • Previo. Antes de mandar el primer boletín, no después.
  • Inequívoco. Por una declaración verbal, escrita o por un medio electrónico, o por un acto afirmativo que muestre con claridad la voluntad. La persona tiene que hacer algo para decir que sí.

Y tres reglas más del mismo artículo que le tocan a Juanito:

  • Se puede revocar en cualquier momento, sin dar razones, por un medio parecido al que se usó para darlo. Lo hecho antes sigue siendo válido.
  • Los medios para darlo y revocarlo tienen que ser expeditos, fidedignos, gratuitos y estar siempre disponibles. Un enlace para darse de baja en cada boletín es una forma de tenerlo a mano.
  • Se presume que no fue libre cuando se pide dentro de un contrato o servicio que no necesita esos datos. Si la tienda condiciona la venta de la bicicleta a aceptar el boletín, se presume que ese «sí» no fue libre. La excepción: cuando lo único que se pide a cambio de un bien, servicio o beneficio es justamente el consentimiento.

Si en vez de un correo fuera un dato sensible, el consentimiento tendría que ser además expreso (artículo 16): lo explicamos en Qué es un dato sensible.

Le toca a la tienda probarlo

El último inciso del artículo 12 es claro: corresponde al responsable probar que contó con el consentimiento. La ley lo repite en el principio de licitud (artículo 3°, letra a) y en el artículo 13, y el artículo 14, letra a, le pide poner a disposición de la persona los antecedentes que acreditan la licitud.

Ejemplo. Juanito manda un correo a los 3.000 clientes: «¿Quieres recibir nuestro boletín de ofertas por correo?», con un botón «Sí, quiero recibirlo». Guarda quién tocó el botón, cuándo y el texto que vio. En la caja, una tablet hace la misma pregunta a los clientes nuevos. Los que no contestan no reciben el boletín.

Ese registro, con la fecha y el texto, es lo que la tienda muestra si alguien pregunta. Y la política de privacidad cuenta para qué usa cada dato y con qué permiso.

Dónde ayuda Plumii

Si Juanito usa un chat de IA para redactar el correo que pide el consentimiento, no necesita pegar la planilla: basta con describir la tienda y el boletín. Si igual pega correos o nombres, en Plumii la regla de la empresa tapa nombres, RUT, correos, teléfonos, direcciones y patentes antes de que el mensaje llegue al modelo, y queda registro de qué datos traía cada mensaje. Plumii no guarda consentimientos ni reemplaza tener un permiso para cada uso. Mira cómo funciona.


Las personas, empresas y situaciones de este artículo son ficticias: las inventamos para explicar la ley, y cualquier parecido con un caso real es coincidencia. Este artículo es información general, no asesoría legal. El texto oficial de la ley está en la Biblioteca del Congreso Nacional.

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